En Chile:

El día en que Michelle Bachelet contribuyó a la crisis humanitaria en Haití

Miles de ciudadanos se han tomado las calles de Haití exigiendo la salida del presidente Jovenel Moise por «no investigar acusaciones de corrupción» vinculadas al manejo irregular de fondos de Petrocaribe entre los años 2008 y 2016.

Los manifestantes señalaron que mantendrán viva la movilización hasta «provocar la renuncia» del mandatario.

Valckensy Dessin, quien participó en la marcha, señaló a Associated Press que «una de las principales razones por la que decidimos levantarnos con la gente, con la clase trabajadora”, es la desigualdad que hay en el país y la escasa transparencia que existe en la inversión de recursos por parte del gobierno.

Haití vive una profunda crisis de inestabilidad política -potenciada por la ocupación militar vestida de «ayuda humanitaria»- desde 2004, cuando Estados Unidos patrocinó un golpe de Estado contra el presidente Jean-Bertand Aristide, quien fue obligado a abandonar su país.

Ese año, «miles de haitianos salieron a las calles de Puerto Príncipe para exigir su regreso. Los países de la Comunidad del Caribe (Caricom) y la Unión Africana desconocieron al gobierno de Gerard Latortue (que lo sucedió). La respuesta de la comunidad internacional fue la ocupación del país por una fuerza militar internacional», evoca Telesur.

Desde entonces, todos los comicios en Haití han sido manipulados en alguna medida por EEUU, al punto de suspender la realización de balotajes y prohibir la participación de candidatos políticos bajo amenaza de obstaculizar la ayuda económica exterior.

La salida de Jean-Bertand Aristide fue aplaudida por el presidente de EEUU de la época, George W. Bush, como «el comienzo de un nuevo capítulo en la historia del país».

Sin embargo, tal como afirma el académico Walter C. Soderlund de la Windsor University, «tras el derrocamiento de Aristide, pese a la presencia en el país de una fuerza estabilizadora de paz de la ONU con cerca de 9.000 tropas, la mayoría puede concluir, frente al nivel de violencia social e inestabilidad política continua… que el nuevo capítulo en la historia de Haití ha demostrado ser más problemático que aquel que caracterizó a la era de Aristide».

Fue ahí, de acuerdo al sociólogo James Petras, que la presidenta Michelle Bachelet jugó un papel importante, al haber sido «la seguidora más enérgica de Estados Unidos, enviando a Haití a una fuerza expedicionaria militar para que ayudara en las tareas de represión de los partidarios del democráticamente electo Bertrand Aristide».

«Unos 400 soldados chilenos armados hasta los dientes patrullaron las miserables calles de Puerto Príncipe en apoyo del régimen títere impuesto por Estados Unidos», señala Petras.

El escritor agrega que la ex jefa de Estado de Chile, quien hoy ocupa el cargo de Alta Comisionada de Derechos Humanos en Naciones Unidas, «acogió siempre muy bien cualquier oportunidad de realizar maniobras militares» junto al país promotor del golpe en Haití, «ofreciendo apoyo logístico para las últimas operaciones de UNITAS».

EL SALDO DE LA MISIÓN

En junio de 2017, Bachelet homenajeó a las tropas que participaron en la «misión de paz» a Haití, el mayor contingente de militares de esas características en la historia de Chile, integrado por «más de 12 mil hombres y mujeres «en un espacio de 13 años, informó Cooperativa.

«Ustedes han hecho patria día a día en tierras lejanas, y han sido solidarios y generosos con una nación que ha enfrentado toda clase de dificultades», sostuvo la mandataria durante la ceremonia, la cual tomó lugar en La Moneda con tanquetas marcadas con el logo de la ONU.

Sin ninguna lectura amarga sobre la intervención castrense, Bachelet enfatizó que la misma fue parte «del ideario que sostiene tres principios fundamentales: la promoción de la democracia, el respeto irrestricto de los derechos humanos y el impulso del libre comercio».

De acuerdo a un reportaje de investigación de Radio Biobío, la misión no estuvo exenta de irregularidades. En 2017, la Contraloría detectó «la existencia de falencias de registros y procedimientos contables-financieros y administrativos que podrían conllevar el riesgo de mal uso de los recursos públicos».

«Dentro de las auditorías, la que arrojó las situaciones más irregulares fue una que revisó las transferencias de fondos para misiones de paz realizadas en el Estado Mayor Conjunto (EMCO)… El informe, publicado en julio de 2014, pero desconocido hasta hoy, se enfocó particularmente en los montos transferidos durante 2012: 19.831 millones de pesos, de los cuales 13.995 millones de pesos eran para el pago de sueldos y 5.836 millones de pesos para equipamiento y preparación, los cuales fueron destinados, principalmente, a la misión en Haití», señaló el medio radial.

Las rendiciones de cuenta, según el organismo de fiscalización, fueron aceptadas y aprobadas «sin que se les exija a nivel de detalle la apertura de todos los gastos ejecutados». Además «se constató que no presentan ningún tipo de evidencia sobre las acciones de control que debe ejercer el organismo fiscalizado y que asegure la correcta ejecución presupuestaria del fondo para misiones de paz que administra”.

LA CAÍDA DEL GOLPISTA

También durante el mes de junio de 2017, pero en EEUU, el líder del golpe de estado que derrocó a Jean-Bertrand Aristide, Guy Philippe, terminó siendo condenado a nueve años de prisión «tras declararse culpable de un cargo de lavado de dinero ligado a un complot internacional de narcotráfico».

«Philippe, un exfuncionario de alto rango de la Policía Nacional de Haití, recibió más de 1,5 millones de dólares en sobornos para garantizar el tránsito seguro de los envíos de drogas», informó la agencia Reuters.