En Chile:

Los golpistas de la CIA que rodean a Ricardo Lagos

Una acalorada tensión se vivió en 2002, horas después del fallido golpe de Estado contra Hugo Chávez, cuando el embajador de Chile en Venezuela, Marcos Álvarez, expresó su abierto respaldo al nuevo gobierno de Pedro Carmona.

“Aquí no ha habido golpe de Estado… el nuevo presidente (Pedro Carmona) tiene una excelente relación con Chile”, expresó Álvarez durante una cumbre del Grupo de Río en Costa Rica.

Simultáneamente fue despachado un comunicado de la Cancillería chilena, liderada en ese entonces por Soledad Alvear, que responsabilizaba de la crisis al mal manejo político y social del mandatario Hugo Chávez.

En una incómoda situación frente a su par venezolano, quien había sido víctima de un golpe ingeniado por los aparatos de inteligencia de Estados Unidos, el presidente Ricardo Lagos no tuvo otra escapatoria que pedir la renuncia de Marcos Álvarez, afirmando que sus tempranas declaraciones no reflejaban el pensamiento del gobierno.

El propio Chávez, en medio de la Cumbre de las Américas de 2004 en Monterrey, México, entregó una versión muy distinta del impasse. El mandatario manifestó sobre este episodio: “Fuimos muy humildes con el Gobierno chileno… El embajador chileno fue a despedirse, yo lo recibí, y casi llorando me dijo ‘yo soy inocente, yo sólo cumplí instrucciones y me están sacrificando a mí’”.

¿Se trató todo de un error, un mal manejo diplomático? ¿Había una intención de validar el golpe? Lo cierto es que Ricardo Lagos, figura emblemática de la Concertación, no oculta sus vínculos con quienes desean subyugar a Venezuela bajo los intereses de las élites financieras occidentales.

Lagos es un recurrente expositor en los eventos del Council of the Americas, organización fundada en 1966 por el banquero David Rockefeller para “promover el libre mercado y las democracias de la región”. Al menos así lo manifiestan. Por su aporte al organismo, en 2005, el propio Rockefeller galardonó a Lagos con una medalla de oro.

El Council reúne a decenas de las compañías más poderosas del continente y ha sido señalada, entre otras cosas, como la principal instigadora del golpe de Estado que derrocó a Salvador Allende en 1973. A inicios de la década de los setenta, una delegación encabezada por el presidente de Anaconda Copper, Jay Parkinson, se reunió con el director de la CIA, Richard Helms, para solicitar una inmediata intervención clandestina en Chile.

La organización de Rockefeller continúa ligada a la inteligencia norteamericana, tanto así que John Negroponte, agente de la CIA involucrado en la Operación Cóndor y el caso Irán-Contras, ejerce como presidente titular.

Detrás del Proyecto Camelot

Credencial de Ricardo Lagos para organismos internacionales, 1973.

El ex militante del Partido Radical – colectividad de la cual Lagos habría sido expulsado, según dicen las malas lenguas, por su estrecha cercanía con el Departamento de Estado – también ha aplaudido la función encubierta desempeñada por la Fundación Ford, identificada como una fachada de la CIA por la Comisión Church del Senado estadounidense.

“La llama de pensamiento independiente fue mantenida con vida por visionarios internacionales y organizaciones como la Fundación Ford”, escribió Lagos en un artículo publicado para Americas Quarterly, revista del Council of the Americas, con motivo del aniversario 50 de la fundación.

En la publicación, el ex presidente de Chile hace referencia a diversos estudios científicos financiados por Ford en Latinoamérica, entre los que se cuenta el escandaloso Proyecto Camelot que llevó a Washington a admitir la existencia de una vasta red de espionaje instalada en Chile en 1965.

El Proyecto Camelot fue presentado en Santiago por el antropólogo chileno de la Universidad de Pittsburgh, Hugo Nuttini, y contó con el respaldo de varias universidades, centros de sociología estadounidenses y el Ejército de Estados Unidos. Su principal objetivo era “hacer posible predecir e influenciar políticamente aspectos importantes de cambio social en los países en desarrollo del mundo”.

Como parte del referido plan, diversas encuestas fueron distribuidas en estamentos chilenos con preguntas como “¿Considera Ud. que en un país subdesarrollado la democracia puede ser un impedimento para la rápida superación de las dificultades inherentes a este tipo de países?” y “¿En qué condiciones considera lícitas la intervención de las Fuerzas Armadas para defender la Constitución cuando ésta es violada?”

Las respuestas eran enviadas directamente a Estados Unidos para ser estudiadas por expertos del Pentágono.

El sociólogo de la FLACSO, Edmundo Fuenzalida, reconoce que el ex presidente Lagos asistió a la presentación inicial del proyecto, junto a Nuttini y algunos expertos chilenos en ciencias sociales. Fue en esa misma reunión, supuestamente, que el Camelot terminó expuesto como un esfuerzo injerencista.

Asistiendo a Capriles

Christopher Sabatini de la NED, el ex presidente Ricardo Lagos y Susan Segal, CEO del Council of the Americas.

La relación de Lagos con golpistas anti-democráticos va más allá de defender la impunidad del principal activo de la CIA en Chile, Agustín Edwards Eastman, director del consorcio periodístico de El Mercurio.

El ex mandatario no sólo escribe activamente para la revista del think-tank de Rockefeller, Americas Quarterly, sino que forma parte de su panel editorial. Encabezando el directorio de la publicación periódica se encuentra Christopher Sabatini, jefe de políticas del Council of the Americas y ex encargado de la organización National Endowment for Democracy (NED) para América Latina.

La NED, que funciona bajo el alero del Departamento de Estado a través de USAID, ha sido sindicada en numerosas ocasiones como una fachada de la CIA. En una cita atribuida a uno de los fundadores de la NED, Allen Weintein, en un ejemplar del Washington Post de 1991, éste afirma: “Mucho de lo que hacemos ahora fue hecho de forma encubierta por la CIA hace 25 años”.

“En Venezuela, se atribuyó a la gestión de (Christopher) Sabatini que dos jefes del fracasado golpe de 2002 recibieron financiamiento de la NED”, escribe Jean-Guy Allard. “Hay que señalar que las operaciones de injerencia, confesadas sin el menor escrúpulo por Sabatini, llevaron a que el Gobierno venezolano solicitara a Estados Unidos que la NED ponga fin de inmediato al financiamiento otorgado a organizaciones y partidos políticos involucradas en el golpe de Estado de abril de 2002 y en el sabotaje a la industria petrolera.”

Según la periodista Eva Golinger, en 2001, el partido Primero Justicia del candidato presidencial Henrique Capriles recibió fondos de la NED.

Lagos se ha mostrado favorable a un cambio de régimen en Venezuela.

En 2012, acompañado por los ex presidentes Felipe González de España y Fernando Henrique Cardoso de Brasil, el ex mandatario de Chile disertó en Caracas sobre “Visiones de una economía con rostro humano”, en una “inyección directa a la vena de propaganda pro-capitalismo-salvaje con las recetas neoliberales que pusieron en práctica cuando fueron jefes de estado en sus respectivos países”, según escribió el columnista Ernesto Carmona.

La charla fue convocada por el banco privado Banesto, emitida por el canal opositor Globovisión y difundida en redes sociales por partidarios de Capriles.

Con los antecedentes ya expuestos, cabe preguntarse si Lagos miente cuando niega haberse alineado con Estados Unidos en 2002, en el marco del fallido golpe contra Chávez. Para el antiguo embajador Marcos Álvarez, el ex presidente efectivamente está faltando a la verdad.

“El ex presidente, con quien he tenido amistad, no dice la verdad”, dijo Álvarez en una reciente entrevista con La Tercera. “En esa declaración que hicieron, de la cual es responsable la señora Alvear… no tuve ningún tipo de consulta para redactarla”.