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Extremistas que atacaron consulado estadounidense en Libia fueron financiados por Obama y la OTAN

El ataque contra la embajada de Estados Unidos ilustra el desastroso resultado de la intervención «humanitaria» de Obama en Libia, la cual terminó con el derrocamiento de Muammar Gaddafi.

Mientras los medios occidentales han tratado de esconder que el ataque contra el consulado de EEUU en Bengasi fue llevado a cabo por los mismos extremistas que Obama armó para derrocar a Gaddafi, el embajador de Washington en Libia, Ali Aulaji, trató hoy de culpar a partidarios del ex presidente libio por los incidentes.

“Sabemos que los asociados de Gaddafi están en Libia. Por supuesto, ellos aprovecharon esta oportunidad para infiltrarse entre la gente”, dijo Aujali en una entrevista.

Respecto a las declaraciones del embajador, Foreign Policy señaló: “Su afirmación contradice varios reportes, los cuales inculpan a grupos islámicos radicales que decían haber estado reaccionando a un oscuro film estadounidense, visto como insultante para el Islam. Aujali dijo que el gobierno libio posee conocimiento de que fuerzas no especificadas de Gaddafi estuvieron involucradas”.

Como indica Tony Cartalucci, que la prensa se rehúse a admitir que los terroristas detrás del ataque son los mismos matones armados y empoderados por la OTAN, representa “un intento de Occidente por restablecer la percepción de que Estados Unidos e Israel están en guerra con extremistas sectarios”.

Toda indicación señala que el ataque fue ejecutado por terroristas afiliados a Al Qaeda, apoyados por la OTAN durante el bombardeo de 2011 en Libia. La misma banda de salafistas ha destruido mezquitas y santuarios a lo largo de Libia, con el fin de imponer la “ley sharia”.

Se ha confirmado que el ataque a la embajada estadounidense en Egipto, y el asesinato del embajador estadounidense Chris Stevens y tres otros en Bengasi, fueron “ataques coordinados”, lo cual significaría que ambos grupos detrás de los incidentes están trabajando unidos a un mismo nivel.

Es incongruente sugerir entonces que los responsables son leales a Gaddafi, dado que la turba que destruyó una bandera estadounidense en El Cairo la reemplazó luego por una bandera de Al Qaeda, posteriormente cantando “Todos somos Osama”, según Associated Press.

Esta distintiva bandera negra con leyendas árabes blancas es la misma que está siendo levantada por los rebeldes de Siria, respaldados por Occidente, y es la misma bandera que fue flameada en cortes y otros centros de poder en Bengasi tras la ejecución de Muammar Gaddafi.

Los terroristas de Bengasi también usaron las mismas armas que fueron proporcionadas por la OTAN durante el derrocamiento de Gaddafi, las que incluyen granadas propulsadas por cohetes.

Mientras ninguna evidencia sugiere que partidarios de Gaddafi, muchos de los cuales fueron redados, torturados y ejecutados por rebeldes libios, tienen alguna relación con los acontecimientos de hoy, todos los antecedentes confirman que matones apoyados por la OTAN están detrás del asalto.

El deseo de oscurecer la responsabilidad de terroristas financiados por Occidente pretende ocultar el hecho de que la OTAN está armando y apoyando descaradamente a extremistas musulmanes en Medio Oriente y África del Norte, como técnica de desestabilización.

El objetivo es simple – derrocar a los restantes países soberanos que se han negado a permitir que sus recursos sean saqueados y repartidos por los diferentes brazos corporativos del complejo industrial militar – mientras se difunde el mito de que tales actos agresivos hacia un cambio de régimen representan una “Primavera Árabe” orgánica, lo cual no puede estar más lejos de la verdad.