En Chile:

La contradictoria personalidad del “yihadista” que protagonizó el secuestro de Sydney

Otro embarazoso capítulo vive la comunidad de inteligencia de occidente luego de la toma de rehenes en un café de Sydney.

El supuesto responsable sindicado por los medios es Man Haron Monis, un personaje que ha tenido varios nombres y que por años había estado bajo el radar del gobierno australiano, la prensa, la policía y la judicatura australiana, desde su arribo al país.

Como escribe el analista Tony Cartalucci, Monis abandonó Irán en 1996 por razones que aún no están claras. El sospechoso dijo estar en contacto con la ONU por una “información secreta” relacionada con el gobierno iraní que mantenía en su poder, presuntamente, por sus vínculos con el entonces ministro de Inteligencia y Seguridad de Irán.

“El régimen iraní quiere acallarme, porque tengo información secreta del gobierno y sus operaciones terroristas en la guerra. Envié una carta al Secretario General de Naciones Unidas, y alguien en nombre del Sr. Kofi Anan me envío una respuesta”, aseguraba Monis en una entrevista concedida a la cadena ABC en 2001.

Increíblemente, Monis alababa a occidente y manifestaba que Estados Unidos, Canadá, el Reino Unido y Australia se contraponían a los países prominentemente islámicos, ya que eran “sociedades religiosas”.

“Cada vez que salgo a la calle en Australia, donde sea que vaya, siento que me encuentro en una verdadera sociedad religiosa (…) Si comparamos Australia con Irán y otros países en Medio Oriente, podríamos decir que esto es el cielo”, decía airoso.

ABC lo presentó en tal oportunidad como “el ayatolá Manteghi Boroujerdi, un clérigo liberal que abandonó Irán hace cuatro años, y ha sido crítico del régimen iraní”. El informe agregaba que la esposa y las dos hijas de Monis/ Boroujerdi estaban arrestadas en Irán.

Con todo, lejos de ser un “extremista” para occidente, Monis/Boroujerdi encajaba perfectamente con la arremetida anti-iraní/pro-guerra de la época. Una propaganda que, por cierto, continúa hasta el día de hoy, con los intentos de derribar a los gobiernos de Siria e Irán.

Sin embargo, años después, Monis/Boroujerdi cambió de personalidad: empezó a vestirse como un clérigo tradicional y, ayudando a la histeria del ISIS, juró haberse convertido “al Islam suní”, un mes antes de la toma de rehenes en Sydney.

En el secuestro de Sydney, Monis/Boroujerdi exhibió una bandera de Al Nusra, el grupo terrorista que ha intentado derrocar al gobierno de Bashar Al Assad en Siria, y que ha recibido armas y dinero de la CIA.

Lo curioso es que durante todo este tiempo, mientras las autoridades australianas parecían estar incólumes frente al comportamiento errático de Monis, líderes genuinos de la comunidad musulmana de ese país rogaban al gobierno para que lo investigara.

En una publicación australiana de 2008, titulada “Call to prove mystery Shia cleric”, se informó que “agentes federales han sido instados por el líder shia más importante de la nación, Kamal Moysselmani, a investigar a un hombre iraní que asegura ser un prominente clérigo islámico”.

“Sheik Mousselmani dijo ayer a The Australian que el misterioso clérigo – que ha sido identificado en su sitio web como el ayatolá Manteghi Boroujerdi tras aparecer con el nombre de Sheik Haron – no es un líder espiritual shia genuino”, versa el artículo. “Dijo que no había ayatolás – eruditos supremos shias – en Australia, y que ninguno de sus pares líderes espirituales conocía quién era el ayatolá Boroujerdi o Sheik Haron”

El hecho es que Irán también alertó a Australia sobre la extraña conducta del sospechoso, pero nada hicieron.

“La agencia de noticias estatal iraní, Fars, citó al vocero del Ministerio de Relaciones Exteriores, Marziyeh Afkham, quien dijo que advirtió a las autoridades australianas sobre el Sr. Monis”, publicó The New York Times.

“Uno se pregunta por qué, en primer lugar, se le permitió asilo político y ocupar la atención del panorama político australiano durante tanto tiempo, especialmente a la luz de los últimos acontecimientos… es altamente improbable que él haya podido tramar este complot (el secuestro en el café) sin que los agentes de seguridad e inteligencia australianos lo supieran”, plantea Tony Cartalucci.