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The New York Times pide quiebre del derecho internacional: «Bombardeen Siria, aunque sea ilegal»

Como relata el articulista Kurt Nimmo, The New York Times demostró ser una herramienta de propaganda durante la invasión de Irak cuando la columnista Judith Miller reprodujo las mentiras y engaños de los neoconservadores estadounidenses, dando crédito momentáneo a los argumentos utilizados para invadir un país socavado por más de una década de sanciones retrógradas.

El Times se encargó de “respaldar la máquina asesina de la OTAN en Libia”, según escribe Shephen Lendman. “Desinfectó la matanza, la destrucción y la miseria humana. Ahora está haciendo la guerra contra Siria e Irán. Ataca regímenes a los que Washington se opone. Defiende el sabotaje y los asesinatos dirigidos… The New York Times apoya la permanente política bélica de Washington. Su agenda reprime la verdad y la transparencia”.

Tras dar cabida a Miller, al igual que a otros especialistas de la propaganda, el Times pidió esta semana que Obama viole la Constitución e ignore el derecho internacional para zanjar el conflicto sirio. Lo hizo a través de una columna titulada «Bombardeen Siria, aunque sea ilegal«, escrita por uno de sus colaboradores.

“Hay razones morales para no respetar la ley, y yo creo que la administración Obama debe intervenir en Siria”, escribió Ian Hurd, un profesor de ciencias políticas de Northwestern.

Hurd procedió a argumentar que “no existen dudas de que el gobierno del Sr. Assad, durante los dos años de la guerra (civil), ha violado principios humanitarios”. El profesor omite poner la “guerra” en su contexto apropiado, considerando que se trata de un conflicto entre Al Qaeda, jihadistas fanáticos apoyados por la CIA, y el gobierno de Assad.

Al mismo tiempo, Hurd menciona el genocidio de Ruanda y los supuestos asesinatos masivos de los Balcanes, durante la década de los noventa, que más tarde fueron expuestos como una operación propagandística de Estados Unidos y la OTAN.

Según el profesional, los crímenes de guerra perpetrados por la OTAN en la ex Yugoslavia, incluyendo el uso de uranio empobrecido, fueron “ilegales pero legítimos” porque estaban dirigidos en contra de un gobierno que cometió “crímenes mayores”.