En Chile:

Militares israelíes patrullando la Patagonia requiere a lo menos una explicación

La idea era cerrar la cortina y descansar unas semanas, sin embargo el incendio de las Torres del Paine frustró todos los planes. Y no porque lo haya elegido como lugar de vacaciones sino porque ha dejado al descubierto una verdad que venimos negando hace tiempo: Cómo Chile deja que el ejército de un Estado se establezca en territorio nacional.

Chileno por primera vez

La vez que me dijeron “chilenito de mierda vete a tu país” fue la primera vez que me sentí chileno. La sobreteorización nos lleva a obviar que los estados nacionales, pese a ser ficticios para las transnacionales y para la macrosociología, cumplen algunas funciones modestas. El error es confundir la teoría social con las descripciones jurídicas; los estados no son ni soberanos, ni independientes, ni democráticos, pero existen, y tienen ejércitos, y defienden fronteras.

Para el caso que nos convoca Chile es un estado nacional y también lo es Israel. Podemos, por lo tanto, exigir que al menos desde lo formal, lo jurídico, ambos estados se comporten como soberanos e independientes, y la exigencia supone esgrimir una democracia, al menos en lo aparente. Somos ciudadanos chilenos y por lo tanto podemos exigir a nuestras autoridades nominales que se comporten, en lo formal, como gobernantes de una nación democrática y soberana.

¿Qué sucedería si se descubre que los egresados de las escuelas militares de Cuba, de Venezuela, de Corea del Norte o de Irán vacacionan en Chile pagados por sus respectivos estados? Seguramente un escándalo sino una declaración guerra.

Una tropa no es solamente un grupo de personas uniformadas y armadas, en la guerra profesional, moderna, lo que define a un ejército es su organización, el que sea un grupo humano capaz de actuar coordinado, como un solo hombre. En esta organización existen dos tipos antagónicos de soldados, aquellos que sólo reciben órdenes y aquellos capaces de actuar sin esperar que estas lleguen. Entre los segundos destacan los comandos cuya función inherente es actuar tras la lineas enemigas, es decir, dentro del territorio controlado por estados hostiles. Otros soldados especializados y capaces de actuar en territorio ajeno son los espías, aquellos dedicados a la inteligencia o contrainteligencia.

Comandos y espías están adiestrados para actuar solos o en grupos pequeños y sin necesitar armamento. No requieren más logística que el dinero en efectivo. Se suele decir que lo que define a un comando es que es en sí una arma letal; sus conocimientos de artes marciales le permiten la opción de matar a sangre fría con los puños, si es necesario.

Ningún Estado tolera que otro estacione tropas o las haga transitar por el territorio que controla. Se tolera en casos extremos o bien especiales como ejercicios militares con aliados o en caso de guerra, tratándose de los aliados. Esto sucede año a año en la operación UNITAS o en los ejercicios conjuntos con la armada argentina.

Para que un ejército se estacione en territorio nacional es preciso una ley de quórum calificado.

Si Irán transportara a los egresados de sus escuelas militares a Chile tal desembarque debería ser consentido por el Estado anfitrión, por medio de una ley que exige para su aprobación la mayoría absoluta de los senadores y diputados en ejercicio. Esto porque a todas luces se trata de una tropa, si está compuesta por comandos y espías es aún más grave y no creo que ningún país lo tolerara.

Los militares sin armas de fuego siguen siendo una amenaza si conocen el terreno y se puede proveer de armamento sin problemas en la zona de desembarque.

Si Irán hiciera eso en Chile aquí estaría el desmadre. La misma prensa que se cuida de sobremanera para no quedar de “antisemita” con los sionistas que controlan la comunidad judía de Chile no dudarían ni un segundo en recurrir al manido prejuicio de que los musulmanes radicales-terroristas planifican una acción en suelo nacional. Sin embargo árabes e irraelitas son semitas de acuerdo a la leyenda bíblica; la descalificación contra de los musulmanes árabes es por lo tanto antisemitismo.

Es más, los árabes son descalificados recurrentemente en nuestros medios por ser musulmanes olvidando que confunden una comunidad lingüística con una religión. Además gran parte de los musulmanes discriminados no hablan dicha lengua sino que el urdú y el pasthu.

Discriminar a millones de seres humanos por pertenecer a una comunidad lingüística es aberrante e indefendible sin embargo nuestros medios lo realizan con tanta naturalidad que el turbante se ha transformado, a los ojos de los chilenos, en una especie de capucha terrorista.

La historia versus el mito

Si nos atenemos rigurosamente a la historia debemos admitir que tampoco los israelíes son semitas por la sencilla razón de que no descienden de los israelitas. Dicho pueblo fue exterminado en al menos dos ocasiones posteriores al tiempo en que se supone vivió Sem, el hijo de Noé. Gran parte de la Biblia cuenta la historia de la diáspora, de cómo el pueblo israelita sobrevivió clandestinamente a la masacre y volvió a unificarse con Moisés.

Sin embargo no existe evidencia que respalde tal aseveración, todo indica que habrían muchos israel, todos ellos inventados desde el presente para justificar míticamente su derecho a ocupar judá. Recientes investigaciones genéticas han confirmado que no existe ninguna relación entre los judíos de Etiopía, Wladivostov o Polonia. Hasta los mormones y los rastafaris se sirven del mito de la tierra prometida para justificar históricamente sus cultos pero tales afirmaciones carecen de toda evidencia de respaldo.

Siendo así los israelitas, exterminados por los acarios, los egipcios y los romanos, resucitaron o bien se trata de personas marginales que recuperaron el mito de judá para reagruparse en épocas posteriores a dichos exterminos, sería por lo tanto una reagrupación religiosa que nada tiene que ver con un linaje ni menos con una raza.

Los únicos semitas, si podría existir un semitismo genético, serían los árabes. El único antisemitismo por lo tanto es el ataque a ellos.

Lo genético debería ser irrelevante, salvo que seas un nazi. Sin embargo para los sionistas, los defensores actuales del mito de la tierra prometida es de toda importancia. A diferencia del cristianismo y el el islám que son religiones universalistas, nadie se hace judío sino que se nace. Si los sionistas reconocieran que los judíos descienden de al menos tres fuentes: Europa, Asia y África, podríamos considerarlo un disparate supersticioso pero al menos respetable por su intento de coherencia. Sin embargo todo su credo depende de asumir que todos son descendientes del hijo de Noé pues ello es el título para asentarse en Palestina, nación árabe que vivió sin judíos por casi dos milenios.

A Palestina peregrinaban los europeos desde los tiempos de las cruzadas, cuando era controlado por el Imperio Persa. Finalmente fue arrebatada por los ingleses al imperio otomano y quedada en sus manos al desmembrase en la primera guerra mundial. En Palestina ya se habían asentado varios fanáticos religiosos, entre ellos algunos judíos alemanes. La segunda guerra mundial sirvió de pretexto para destruir a los capitalistas financieros, enemigos de los estatismos cualquiera fuera su laya, y esa es la razón por la que se recurriera a la sucia artimaña medieval proveniente del cristianismo fundamentalista y más disparatado: Los judíos eran unos traidores, ellos mataron a Jesús.

Los Estados que asumieron la tarea de exterminar a los judíos, cobrándoles una factura de casi dos milenios, eran paganos, en el caso de los alemanes, y ateos (según ellos) en el caso de los soviéticos estalinistas. Lo que se vino después fue la necesidad de “limpiar” ciertas áreas en que residían “seres inferiores”, la excusa de que eran judíos actuaba en el mundo de las relaciones públicas, el hecho es que se los mataba por ser polacos y por ocupar territorios de Polonia, los mismos que había prometido Hitler a los alemanes y por lo tanto a Europa. Los alemanes se sentían los únicos realmente europeos y tal fervor era compartido por los franceses e ingleses que se sentían en gran parte alemanes. Los demás eran pueblos inferiores que habitaban más allá de los alpes, de los pirineos, de los cárpatos, de la selva negra, etc.

El termino de la segunda guerra mundial generó el problema humanitario de dónde asentar a los millones de judíos europeos desplazados, como ninguno de los estados, cual de ellos más “demócratas” y menos “nazis”, dejó que los judíos se alojara dentro de sus fronteras, a los ingleses se les ocurrió una brillante idea ¿Qué tal si los llevaba a la histórica “tierra prometida”? Para los británicos sus colonias árabes siempre fueron poco rentables, era útiles geopolíticamente hablando y porque de ahí se extraían recursos naturales como el petroleo, pero sin embargo era dispendioso gobernar un pueblo tan dinámico y complejo. Los refugiados eran a fin de cuentas europeos, con ellos se podría dialogar y comerciar; fomentarían la industrialización y el comercio a la europea. Así surge Israel, un Estado laico y parlamentario, con constitución escrita por los propios ingleses, en un terreno arrendado a los Palestinos.

A los pocos años Israel prosperaba fruto de su ubicación privilegiada, el capital cultural de sus habitantes y a los préstamos llegados de todo el mundo. Israel significaba el bastión de la civilización en su perpetua lucha contra la barbarie. Los occidentales miraban a Israel como el lugar más distante de occidente, compuesto, lamentablemente, por casi puros judíos, pero sin embargo era occidente no como Palestina. El término “Medio Oriente” se confirma y reafirma en Israel, es la última estación antes de descender al inframundo.

El estado de Israel se asoció con los rusos sin jamás desvincularse de los británicos. A pocos años de nacer emprendió guerras con la intención de expandirse, el viejo lebensraum de los nazis era aplicado al pie de la letra por los descendientes de las víctimas de Hitler, Israel necesitaba un mayor territorio, coherente con la grandeza de su pueblo.

No sorprende esta asociación tanto en la ideología como en la práctica entre los sionistas y los nazis, a fin de cuentas ambas doctrinas nacen en Alemania y en la misma época. Los sionistas incluso “recuperaron”, para no decir inventaron o reinventaron, la lengua del pueblo del que dicen descender, el hebreo. Tal trabajo lo hicieron a la par de los alemanes y su asociación mítica con los pueblos germánicos, el pan germanismo y el sionismo son astillas del mismo palo.

La respuesta de los vecinos intempestivos de Israel no se hizo esperar: Fue aislado, considerado un enemigo común desde entonces, un enemigo muy peligroso, de esos que deben ser exterminado.

El problema crucial de Israel es que se compone de habitantes extranjeros, es, y siempre fue, una colonia de invasores. Se los colocó ahí para incomodar a los árabes y se lo consiguió. Los intereses de las petroleras inglesas, y luego estadounidenses, están seguros mientras estén enclavados los israelíes en la frontera del primer mundo.

Y los israelíes no sólo ejercen una influencia política sino económica decisiva en la región gracias a su industria bélica hight tech pese a que sea un Estado con menos habitantes que Chile y con un menor producto geográfico bruto.

La crucial diferencia entre ser judío, israelita e israelí

Por esta extravagante historia del Estado de Israel y los habitantes que lo componen, las declaraciones de los algunos judíos chilenos, profusamente difundidas por la prensa, son a todas luces hostiles, antipatriotas y a fin de cuentas antisemitas.

En Alemania y gran parte de Europa está prohibido negar el holocausto; también debiese estar prohibido que los ciudadanos del Estado de Israel nieguen que son una colonia invasora y que su sola presencia ha implicado un holocausto en Palestina.

Y en Chile debiese estar prohibido que ciudadanos nacionales defiendan los intereses de un Estado extranjero, bajo cualquier consideración, un Estado que además es hostil, tanto en físico como en lo simbólico, y que formalmente no es socio estratégico de Chile, al menos no en lo formalmente declarado, y que de existir dicha alianza ésta sería incompatible con los intereses nacionales y regionales.

La excusa de ocasión para los defensores del Estado de Israel es que han debido defenderse porque sus vecinos intentan aniquilarlos. Tal argumento si bien explica la hostilidad, rayana en la paranoia ,y el belicismo fanático, en ningún caso los exculpa. Israel no posee ningún título legítimo para haber usurpado los territorios de Palestina. Si bien la culpa no es de los descendientes de los refugiados, que no les quedó otra opción que ocupar dicho territorio, tampoco pueden decirse inocentes cuando en vez que procurar reparar el inmenso daño causado insisten en la mentira de que “ellos pertenecen a ese lugar y que están ahí antes que los Palestinos”.

Lo paradojal, si lo analizamos en frío, de la respuesta de los judíos chilenos ante todo comentario que no sea obsecuente es que ellos no logran distinguir entre el Estado de Israel, sus habitantes (los israelíes), los judíos (usan indistintamente el vocablo para referirse a una raza (que no existe) y a una religión), y los israelitas, es decir, los habitantes de la actual palestina en los tiempos bíblicos, exterminados por los romanos, esclavizados y anexados a Roma imperial. Tampoco distinguen entre esos israelitas, los exterminados por los romanos, y por los israelitas del antiguo testamento o la Torá que fueron exterminados por los acarios.

Una sociedad militarizada y paranoica

Hace poco un analista se preguntó si Israel era un país que tenía un ejército o un ejército que tiene un país. Es una pregunta válida aún más cuando militares de Israel realizan ruedas de prensa para amenazar a sus vecinos y con eso al mundo entero.

Los habitantes de Israel son en mayoría palestinos sin embargo conviven con ellos en un régimen de apartheid. Es por ello que identifican a un pretendido estado laico con un estado judío. En Israel podrá haber un sistema parlamentario y libertad de prensa pero mientras justifiquen sus políticas actuales con lo que está escrito en una colección de mitos como el Torá será, en los hechos, un estado integrista y fundamentalista así como su reproche vecinal hipócrita y demagógico.

Como han sido desde el principio, 1948, el peor vecino del cual se tenga noticia, es normal que sea amenazado y por lo tanto su población se ha convertido en víctima y victimaria. Todos deben pasar por un servicio militar obligatorio el que además no es elemental sino que consiste en tres años de instrucción bélica. Para los estándares mundiales los reclutas obligados de Israel no son comparables a los reclutas de otros países, como el nuestro, sino que con los soldados profesionales, y más, con sus fuerzas especiales.

Un ejército israelí en la Patagonia chileno-argentina

Las hipótesis de conflicto de nuestro ejército se reducen a peleas con nuestros vecinos por diferendos limítrofes. No existe ninguna planificación en caso de invasiones, menos si la realiza un ejército superior al nuestro.

Para el ejército israelí las hipótesis son muchas más.

En primer lugar un conflicto a baja escala con grupos beligerantes que no poseen ejército.

En segundo lugar una guerra con todos sus vecinos en Medio Oriente al mismo tiempo. Un enfrentamiento de esa envergadura y en el actual escenario llevaría, casi de inmediato, a la tercera hipótesis: Una guerra mundial.

Sin embargo existe una cuarta hipótesis, la cual es posible de entender sólo comprendiendo la historia de Israel que he mencionado sucintamente: Como no posee ningún título para estar en el lugar en que está Israel podría “mudarse” para el caso que deba enfrentarse a fuego directo o fuego cruzado. Ahí entra la Patagonia.

¿Porqué un ejército permanente de israelíes patrulla la Patagonia hace más de tres décadas? Lo hacen disfrazados de turistas y todo quién conozca la zona puede dar testimonio de ello.

La Patagonia es la zona del planeta habitable más despoblado y desprotegido del planeta, cuenta con las mayores reservas de agua dulce del hemisferio sur.

Shaulsonh y su judío pirómano

El 31 de diciembre se supo que el presunto responsable del incendio de las Torres del Paine es un ciudadano Israelí de 23 años. El viajaba junto a un grupo de compatriotas tal como lo hacen miles todos los años.

Jorge Shaulsonh, político implicado en estafas reiteradas y vaya saber uno cuántos delitos más, escribió en su twitter que Jaime Gajardo, presidente del Colegio de Profesores, culparía a los judíos “pues todos saben que ellos son pirómanos”.

La mala broma parece la articulación del guión bien aprendido por parte de la comunidad judía de Chile, cada vez que se ve implicado un ciudadano israelí en un crimen apelan a su religión, no a su nacionalidad, y luego se van directo a la Torá, culpando de antisemitismo a los que acusen, de lo que sea, a un israelí.

Pasó con Hinzpeter, sus defensores y él mismo han insistido una y otra vez que no se puede cuestionar las acciones del Estado de Israel pues sería un caso de discriminación religiosa agravada con la negación del holocausto nazi. Bajo esa táctica propagandística aíslan a los críticos de sus políticas expansionistas, calcadas al milímetro a los nazis, y los difaman culpándolos de intolerantes religiosos, negacionistas del derecho a existencia del estado de Israel, fundamentalistas islámicos, etc, los interlocutores son caricaturizados como un Hitler con turbante.

Según estos fundamentalistas sionistas no se le puede reprochar a Hinzpeter que tenga simpatías con un régimen genocida como el de Israel puesto que ello pasa por reprocharle el ser judío. Y claro, Hinzpeter podría ser uno de los millones de judíos demócratas y de izquierda, pero sin embargo es de público conocimiento que terminada su enseñanza media viajó “a tierra santa” y estuvo en dicho país el tiempo que dura el servicio militar.

Como el Estado de Israel no diferencia entre raza, ciudadanía y religión, todo judío chileno es, a lo menos en potencia, un ciudadano de un régimen genocida, eso requiere explicaciones, sin embargo se excusan a menudo de darlas sirviéndose de esa misma confusión impropia en cualquier Estado democrático.

Con Hinzpeter no existe confusión alguna, el realizó su servicio en Israel, el es ciudadano israelí, el no tiene una posición disidente como judío respecto del holocausto que perpetran en Palestina.

Como si el haber sido víctimas en el pasado les confiriera el derecho a ser victimarios en el presente encubren sus homicidios con la imputación genérica de “negación del holocausto nazi”. Quizá no exista peor negación del holocausto que aquella que proviene de la propaganda sionista pues consiste en la negación de al menos 10 holocaustos producidos desde finales del siglo XIX uno de ellos el de la Patagonia, la cual tan asiduamente visitan.

Con el mentís del holocausto han querido incluso tapar el que Israel sea el mayor surtidor de elementos represivos a nuestras ya militarizadas policías.
Hinzpeter no sólo se sirve de la propaganda sionista para inmunizarse de cualquier crítica sino que además impone una carga infamante al Estado chileno cual es celebrar el Januká en el palacio de gobierno atropellando caras normas constitucionales sobre laicismo y neutralidad religiosa.

En el país con la colonia Palestina más numerosa un ciudadano israelí como Hinzpeter celebra una fiesta nacionalista, racista y que falsifica la realidad histórica para oprimir simbólicamente a los Palestinos. Hinzpeter es israelí no israelita, el no desciende de ningún veterano de la batalla contra los helenos.

El incendio “accidental”

Es un secreto a voces que el Estado de Israel paga a los egresados del servicio militar un pasaje a la Patagonia chileno-argentina. ¿Por qué razón aquí y no en otro lado? La respuesta frecuente es que se les paga un pasaje a cualquier sitio del mundo pero ellos eligen venir para acá, y sólo para acá. ¿Será que en otras partes no lo toleran?

Viajar a la Patagonia es soportar a los Israelíes, sin rival los turistas más extravagantes de la zona. Su modo de divertirse es similar a la de cualquier militar de franco, de lejos parecen gringos pasando la noche en Tijuana.

Es raro, por decir lo menos, que turistas de este tipo elijan un sitio como la Patagonia en donde se echan de menos los bares, las discotecas y las fiestas de poleras mojadas. En la Patagonia nadie conduce a cien kilómetros por hora, salvo los israelíes, nadie maneja bebiendo cervezas y arrojando las botellas por la ventana, salvo los israelíes, nadie hace esto a las dos de la mañana, salvo los israelíes.

La Patagonia además es un sitio caro lo que hace aún más raro que la elijan pudiendo beber a destajo y parrandear en lugares más baratos y bohemios como Bankok o Hanoi.

Al parecer la elección de la Patagonia no es casual ni individual, es tomada por el ejército de Israel, puesto que la estrategia del éxodo requiere exploración y la Patagonia es el sitio más despoblado del planeta junto a Siberia (Rusia) y Alaska (EEUU).

La Patagonia en un sitio de respeto, la mayoría de los turistas, salvo los israelíes, la visitan como un templo.

Si todo esto fuera poco la Patagonia, y en especial en parque Torres del Paine, es considerado un turismo para expertos. El senderismo en las torres en considerada una actividad de alto riesgo, comparada con el ascenso de una montaña andina de seis mil metros. Los inexpertos, en las torres, viajan en vehículos y lo se alejan de los estacionamientos. El resto del parque es un sitio para profesionales. Se recomienda tener provisiones para más de diez días quien intente recorrerlo a pie.

Por todo lo dicho ningún visitante de las Torres del Paine podría alegar como accidente el provocar un incendio. Como dije no es un lugar apto para principiantes y los campistas, incluso los con poca experiencia, saben que no se puede iniciar una fogata en campo abierto cuando sopla un viento constante de 80 kilómetros por hora. Es obligatorio el uso de cocinillas y ellas sólo pueden encenderse en los lugares habilitados, y está prohibido absolutamente salirse de los senderos. Quien salga de la senda y encienda una fogata es un criminal aunque no cause incendio alguno pues si no lo hace es porque medió un milagro.

Conclusión

El ciudadano israelí que se presume autor del incendio de Torres del Paine debe ser formalizado por el delito de incendio propiamente tal, es decir, un incendio intencional. Su acto no es de aquellos que se sanciona con multa sino que con cárcel efectiva. Nadie puede decir que es un accidente cuando se actuó de un modo tan negligente que no pudo sino considerar probable que su acto produjera un incendio; para decirlo de otro modo, es como alegar que no se tuvo la intención de matar a un niño cuando se transita a 120 kilómetros por hora a la salida de una escuela.

Debe investigarse si fue el Estado de Israel quién lo envió a Chile, siendo así, el responsable de pagar al Estado chileno multimillonarios daños causados es el de Israel.

Y esto no lo digo porque los “judíos sean pirómanos” como bromeó Shaulsonh sino porque considero una broma de mal gusto el creer que cientos de patrullas militares israelíes destinadas en la Patagonia en forma permanente sean grupos de amigos espontáneos de ex soldados que viajan para desestresarse de su instrucción militar.

Se necesita una respuesta tan rápida como contundente de parte de nuestras autoridades. Israel es un Estado militarista e integrista, culpable de todas las atrocidades de las cuales alega que fueron víctimas sus ancestros, en estos momentos sus acciones de hostilidad, explícitas y las que causa por medio del sabotaje e infiltración, tienen al planeta al borde de una Tercera Guerra Mundial.

Sería una buena noticia que la catástrofe ambiental y económica que ha producido el incendio de las Torres del Paine sirva al menos para repeler la silenciosa invasión sionista en la Patagonia. Si el autor del incendio no es un turista sino que un militar de una potencia extranjera debe ser juzgado en una corte marcial y aplicársele las penas que corresponden a espionaje y sabotaje.

Lo último que sabemos es que Piñera ya le hizo un favor al Israelí señalando que la ley “sobre incendios debía reformarse” dando a entender que según la legislación vigente su acto quedaría impune. Esto es muy raro en un país es que se condena a lo menos a diez años y un día a los mapuche que queman media hectárea de pastizales.

Si nuestro gobierno no hace ni dice nada es prueba suficiente que aquí existe un acuerdo con una potencia hostil el cual jamás ha sido consultado por el pueblo.

Si fueran patrullas de “ex soldados” iraníes mi repulsa sería la misma, aunque claramente la de nuestra prensa canalla sería muy diferente.