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Psicólogo Bruce Levine nos cuenta por qué vivimos la pesadilla de Huxley

Radicado en Ohio, Estados Unidos, el psicólogo clínico Bruce Levine ha ayudado, por más de dos décadas, a pacientes que él mismo describe como integrantes de un sector social “anti-autoritario”. Según escribe en su libro Surviving America’s Depression Epidemic (Sobreviviendo a la depresión epidémica de Estados Unidos), las instituciones que se esmeran en tratar la salud mental se han vuelto parte del problema, no de la solución.

En la siguiente entrevista, Levine  nos explica por qué nuestra civilización medicada presenta claras semejanzas con la sociedad boquejada por Aldous Huxley en su libro Un Mundo Feliz. “Es hora de poner fin a la hipocresía”, declara.

Entrevista

Según su visión médica, ¿podría ser catalogada la depresión como una enfermedad?

Mientras que la depresión severa puede causar un sufrimiento enorme e incluso precipitar el suicidio, y mientras ciertas condiciones médicas como el hipertiroidismo pueden causar depresión, no existe evidencia de que la depresión en sí sea una enfermedad física discreta.

Las compañías farmacéuticas y el establishment psiquiátrico han gastado miles de millones de dólares buscando este desequilibrio de neurotransmisores, este gen, y ahora están hablando de “circuitos eléctricos”, pero eventualmente están forzados a retractarse de todas sus teorías bioquímicas.

Ellos trataron de convencer a todo el mundo de que la depresión era provocada por la escasez del neurotransmisor de la serotonina en una neurosinapsis, cuando la ciencia décadas atrás había probado que bajos niveles de serotonina no estaban asociados a la depresión – finalmente el establishment psiquiátrico admitió esto, como detallo en mi libro Surviving America’s Depression Epidemic.

¿Cuáles son las causas de los altos niveles de depresión diagnosticada que la sociedad sufre en el siglo 21, como en ningún otro siglo?

Una de las razones es la “patologización” de reacciones normales ante la pérdida. Entonces, la gente pasa por un divorcio, y para algunas personas el dolor de esto resulta en lo que sería un período normal de depresión que pasará, pero este estado depresivo es hoy, al menos en los Estados Unidos, visto como una “condición médica” que debe ser tratada, en lugar de un acontecimiento psico-social-espiritual que tiene más probabilidades de pasar, e incluso, de ser resuelto para que la persona gane algo con la experiencia.

La segunda razón importante para el aumento de la depresión es que las condiciones sociales, culturales y políticas, son ahora más deprimentes. Sabemos que el dolor del aislamiento social puede crear depresión, y en Estados Unidos el 25% de las personas no tiene a nadie de confianza en sus vidas (comparado con el 10% de hace 20 años atrás). Así las cosas, la gente está más sola, y eso resulta en más depresión. Además están las variables socio-políticas, que ahora son más problemáticas para la depresión, tales como el consumismo radical que crea auto-absorción, lo cual también está asociado a ella.

¿Están los antidepresivos directamente relacionados con el suicidio? En este sentido, ¿cuán efectivo es el uso de medicamentos para “curar” la salud mental?

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) ahora tiene etiquetas de advertencia en los antidepresivos de que estas drogas aumentan la probabilidad de intentos de suicidio en niños, adolescentes y adultos jóvenes; la FDA fue obligada a hacer esto por estudios que mostraron que los antidepresivos duplicaban la posibilidad de suicidio en este rango de población. Los antidepresivos, como cualquier droga psicotrópica, incluyendo el alcohol, puede desinhibir; en otras palabras, existe más probabilidad de que actúes sobre pensamientos destructivos sobre los cuales no actuarías comúnmente.

Mientras muchas personas afirman que los antidepresivos les ayudan, cuando miras estudios que comparan los antidepresivos con una pastilla de placebo de azúcar, éstos no hacen nada diferente al placebo. Te recuerdo que estas compañías farmacéuticas usan ciencia pobre para disfrazar los antidepresivos como algo mejor de lo que realmente son. Pero incluso con su diseño de “dados cargados” de la investigación, los antidepresivos, después de todo, no hacen nada mejor que los placebos. Detallo esto en mi libro Surviving America’s Depression Epidemic.

¿Qué piensas con respecto a que el “pensamiento crítico” sea considerado una enfermedad por la psiquiatría, según el Washington Post?

La psiquiatría tiene una larga historia de inventar enfermedades a partir de comportamientos incómodos para los psiquiatras. La homosexualidad, por ejemplo, fue considerada una enfermedad mental hasta la década de los setenta, y sólo fue abolida por luchas de activistas gays.

En términos de que se conciba el pensamiento crítico como una patología, existe mucha evidencia de que los deprimidos tiene más probabilidad de ser pensadores críticos, que la gente no-deprimida. Existen estudios que demuestran que la gente moderadamente deprimida tiene más probabilidad de ver el poco control que ejercen en un juego previamente arreglado.

Tiene sentido que los pensadores críticos puedan ver cómo están siendo oprimidos por un gobierno. La verdad puede llevar a más dolor, y el dolor abrumador está asociado a la depresión.

¿Y cómo podría ser usada la psiquiatría para oprimir el pensamiento crítico? Tú has manifestado que tus pacientes son parte de una población “anti-autoritaria”.

La psiquiatría también tiene historia, a lo largo del mundo, de tachar a disidentes del gobierno como “enfermos mentales”. Esto ocurrió en gran parte durante el régimen de la vieja Unión Soviética, donde las personas que criticaban al Estado eran catalogados como enfermos mentales, siendo drogados y encarcelados.

Muchos pensadores críticos y sujetos anti-autoritarios, en todas las sociedades, han presentado grandes episodios de dolor, creando mayor fricción para las autoridades. Y la psiquiatría tiene un extenso historial de inventar patologías con personas que crean fricción. Entonces hoy, por ejemplo, un adolescente en Estados Unidos es crecientemente diagnosticado con el “trastorno de oposición desafiante” por tener estos síntomas: a menudo discute con adultos, frecuentemente se rehúsa a cumplir requerimientos de reglas de adultos, etc.

¿Cómo se compara la novela Un Mundo Feliz con el mundo en que vivimos?

Hay muchas semejanzas. Más notoriamente, mucha gente ha comparado el ubicuo uso del “antidepresivo” soma en Un Mundo Feliz, con el consumo del Prozac, el Zoloft y otros antidepresivos del mundo moderno. En Un Mundo Feliz era un tabú cultural el sentirse mal y crear cualquier fricción, y eso parece ocurrir hoy. Tanto la sociedad estadounidense y el mundo de Huxley son sociedades medicadas y consumistas, donde las autoridades mantienen jerarquías a través de distracciones, entretenimiento y materialismo.

Para finalizar, ¿qué mensaje enviarías a los que están consumiendo medicamentos para tratar la depresión?

Primero, no soy anti-medicamentos, simplemente anti-hipocresía. Si estás consumiendo antidepresivos y te ayudan, y no quieres oír nada negativo sobre ellos, ese es tu derecho.

Pero algunos consumidores de antidepresivos están enfurecidos de que no sean informados sobre la tolerancia de las drogas: la necesidad de aumentarlos a una dosis más alta para lograr los mismos resultados, al incrementar la dependencia del cuerpo a ellos; los efectos adversos a largo plazo, y algunas veces una retirada severa si uno deja de consumir estos medicamentos, que los psiquiatras a menudo malinterpretan como el resurgimiento de la enfermedad, cuando en realidad es una reacción de retirada del medicamento. La gente que deje de consumir los medicamentos, será más sensata en irlos disminuyendo lentamente.

Esperaría quelos consumidores de antidepresivos no miren en menos a personas que consumen drogas psicotrópicas ilegales para salir de su dolor, o para ayudarlos a funcionar. Los psicotrópicos son drogas que afectan a los neurotransmisores, y tanto los psicotrópicos ilegales como los psicotrópicos legales prescritos afectan a los mismos neurotransmisores, y son usados para propósitos similares. El Aderall y otras anfetaminas entregadas a niños pequeños diagnosticados con déficit atencional o hiperactividad son cocaína sintética, y tanto el Aderall y la anfetamina afecta la dopamina, la serotonina y la nerodrenalina. Estudios muestran cómo si ambas fueran consumidas de la misma forma, tomadas intravenosamente, los sujetos no asimilarían la diferencia.

Entonces, la única diferencia entre un minero masticando una hoja de coca para lograr mantenerse en pie, y alguna clase de ingestión de la pastilla del Aderall, es que la hoja de coca es más natural y menos peligrosa.

No estoy llamando a la prohibición de psicotrópicos, sino terminando con la hipocresía, para que la gente tenga un consentimiento verdaderamente informado. No obliguemos hipócritamente a las personas, especialmente a los niños, a consumir psicotrópicos, mientras restringimos que otros consuman psicotrópicos diferentes, cuando éstos afectan a los mismos neurotransmisores y son usados con propósitos similares.

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