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Ex coronel del ejército de EE.UU. afirma que complot de Irán contra embajador saudí es una invención

El coronel en retiro del ejército estadounidense, Anthony Shaffer, dice que un insider del FBI le reveló que el complot terrorista para asesinar a un embajador saudí, cuya autoría y culpabilidad ha sido dirigida a Irán, fue inventado por la administración Obama, al no existir información de que aquel complot siquiera exista dentro de los canales del FBI.

Ver entrevista a Anthony Shaffer (en inglés)

La trama – un intento de asesinato contra el embajador de Arabia Saudita en los Estados Unidos, Adel al-Jubeir – fue cargado a un vendedor iraní-estadounidense de autos usados de Texas, y posteriormente vinculado por la administración Obama a una conspiración más amplia controlada por los cuerpos islámicos revolucionarios de Irán.

Según la administración, el vendedor de autos usados, Mansour J. Arbabsiar, trató de contratar asesinos de una pandilla narcotraficante mexicana para llevar a cabo el asesinato, pero el líder de la pandilla resultó ser un agente de la DEA (informante) que se hacía pasar por un pandillero mexicano de Los Zetas. La historia se asemeja mucho a las clásicas tácticas de entrampamiento del FBI que han caracterizado a todos y cada uno de los ataques terroristas de tiempos recientes.

Habiendo interrogado presonalmente a iraníes, Shaffer puso en duda la información de que miembros de la elitista Quds Force pudiesen llevar a cabo un asesinato en los Estados Unidos, cuando hubiese sido mucho más fácil realizarlo en Medio Oriente.

“No huele bien”, contó Shaffer al animador de Fox Business, Andrew Napolitano, agregando que era dudoso que un exitoso vendedor de autos usados, que había sido parte de la comunidad por 15 años, estuviese repentinamente envuelto en un complot internacional de asesinatos.

Consultado por Napolitano si es que Arbabsiar fue víctima de otra trampa del FBI, Shaffer respondió, “Pienso que fue parte de ello».

“Últimamente, el FBI ha recopilado antecedentes, y hablé con uno de mis chicos de adentro y me dijo que piensa lo mismo (…) no puede encontrar ninguna información real (…) por el hecho de que es un investigador de adentro, él sabe lo que está pasando y sin embargo, voy a citar aquí, ‘No hay nada sobre esto dentro del departamento, más allá de lo que han hablado públicamente’”, dijo Shaffer.

Incluso el New York Times está ahora reportando la dudosa naturaleza del complot que ha causado “una ola de confusión y escepticismo por parte de algunos líderes extranjeros y expertos”.

El complejo militar-industrial ha estado, desde hace mucho tiempo, buscando un pretexto que pueda ser usado para justificar ataques militares contra Irán.

En un reporte de 2009, titulado “Which Path to Persia?”, el elitista Instituto Brookings escribió, “Sería mucho más preferible si los Estados Unidos pudiese citar una provocación iraní como justificación para los ataques aéreos, antes de iniciarlos. Claramente, mientras más escandalosa, más mortal, y más no-provocada sea la acción iraní, mejor estarán los Estados Unidos”.

El sospechoso complot ha sido inmediatamente tomado por tipos como Hillary Clinton y John Kerry para aislar a Irán de la comunidad internacional. Los comentarios de Kerry fueron quizás los más belicosos, contando ayer a los reporteros, “Creo que nada tiene que ser descartado de la mesa en este momento de la historia”.

También ha servido como una útil distracción del fiscal general Eric Holder, quien está actualmente bajo investigación por su rol en el infame programa Fast and Furious (Rápido y Furioso), que contemplaba la entrega, por parte del gobierno federal, de miles de armas militares a líderes de pandillas narcotraficantes mexicanas.

“Que el actual ‘presunto’ complot adjudicado a Irán gire en torno a otra agencia federal que esté conduciendo una operación a largo plazo, desafía a la confianza”, escribe Tony Cartalucci. “Se espera que creamos que una de las fuerzas militares más elitistas de Irán dejara una operación tan sensible, que potencialmente pudiese iniciar una guerra, a un vendedor de autos usados y a una pandilla narcotraficante vinculada a agencias del gobierno estadounidense (quienes, en realidad, resultan ser agentes encubiertos del DEA), es tan ridículo, que sólo puede haber sido inventado (…) Más bien, es el resultado de una comunidad estadounidense de inteligencia impotente, incapaz de crear algo más convincente en el rostro de un pueblo americano cada vez más despierto, para llevar adelante sus moralmente pobres planes. La naturaleza caricaturesca de la trama, que incluso sus proponentes tratan de mantener con una negación plausible, es indicativa de una peligrosa élite fuera de control y un gobierno completamente incompetente, criminal y demente.”

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