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Siria: Periodista desmiente versión del “gas sarín” que llevó a Trump a lanzar misiles en abril

El periodista ganador del Premio Pulitzer Seymour Hersh, quien reveló la masacre de My Lai durante la guerra de Vietnam y los abusos de prisioneros iraquíes en Abu Ghraib en 2004, es probablemente uno de los investigadores contemporáneos más influyentes.

En el curso de las últimas décadas, Hersh ha logrado tejer una amplia red de informantes en el establishment de seguridad estadounidense, ofreciendo una versión alternativa al relato oficial de hechos de importancia mundial, como la crisis que actualmente enfrenta Siria.

Los gobiernos de occidente han mostrado a Bashar Al Assad, mandatario de ese país, como un presidente irracional que mandó a matar a su propio pueblo. En particular, son dos los ataques de gas sarín que la prensa convencional de Estados Unidos ha atribuido al régimen sirio y que ocurrieron cuando extremistas del Estado Islámico (ISIS) y Al Qaeda necesitaban sumar fuerzas para desestabilizar aun más a la nación desde el extranjero.

La última investigación de Hersh pone en duda que Assad fuera el responsable del último evento de gas sarín, ocurrido en abril de este año en Khan Sheikhoun y que fue endosado a una bomba lanzada presuntamente desde una aeronave del gobierno sirio. El hecho provocó una respuesta militar del presidente Donald Trump, quien bombardeó una base aérea del régimen.

Pese al apoyo interno que recibió la acción del magnate luego de bajar en las encuestas, Hersh plantea que no hubo evidencias que ligaran a Assad con el ataque al momento de ordenar la ofensiva, que vulneró gravemente el derecho internacional.

En lo sustantivo, Hersh descubrió que Trump lanzó 59 misiles Tomahwak en la base siria en abril, “pese a haber sido advertido por la comunidad de inteligencia de EEUU de que no se había encontrado evidencias de que los sirios hubieran usado un arma química”.

Escribiendo para la publicación alemana Welt am Sonntag, el periodista planteó que, de forma contraria a lo que se pensó e informó por los grandes medios de comunicación, el ataque sirio a un lugar de reunión de yihadistas en Khan Sheikhoun el día 4 de ese mes, fue coordinado estrechamente por las agencias de inteligencia rusas y estadounidenses, y que EEUU supo de antemano lo que iba a pasar.

Las fuentes de Hersh explicaron que los contactos obedecieron, en primer lugar, a un proceso conocido como “descongestión”, destinado a evitar choques o encuentros accidentales entre las milicas de EEUU, Rusia y Siria, especialmente en el caso de aviones supersónicos.

Pero no solo eso: los rusos también habrían proporcionado información de inteligencia temprana a los norteamericanos para mantener alejado del lugar a un activo de la CIA, infiltrado en un grupo terrorista el día de los hechos.

“Ese no fue un ataque de armas químicas”, argumentó a Hersh un asesor de inteligencia estadounidense que pidió anonimato.”Es un cuento. De ser así, todos los que estuvieron involucrados en el traslado, carga y armado del arma… hubieran usado ropajes protectores de Hazmat en caso de una filtración. Existirían pocas chances para sobrevivir sin ese equipo”.

El veterano periodista radicado en Europa citó informes de inteligencia estadounidenses que apuntaron a los rusos como el origen de la bomba convencional que el gobierno sirio liberó en la zona afectada. Dicho esto, si ésta no se trató de un arma química, ¿por qué muchas personas fallecieron, aparentemente, por inhalar gas tóxico en Khan Sheikhoun?

Hersh indica que, según los servicios, la bomba generó explosiones secundarias en un depósito subterráneo que contenía gas propano, fertilizantes, insecticidas, municiones y “descontaminantes a base de cloro para limpiar cadáveres previo a su entierro”. Fueron esas bombas, subrayó, las que habrían creado una nube tóxica en el área.

“La evidencia sugiere que más de un producto químico fue el responsable de los síntomas observados (en la población)… ese no habría sido el caso si la Fuerza Aérea Siria – como insistieron los activistas de oposición – hubiera lanzado una bomba de sarín que no tiene poder de ignición para activar explosiones secundarias. La gama de síntomas es, sin embargo, congruente con la liberación de una mezcla de productos químicos, incluyendo cloro y organofosforados empleados en muchos fertilizantes, que pueden causar efectos neurotóxicos similares a los del sarín”, escribió el autor.

En este contexto, agregó Hersh, la propia CIA habría dicho a Trump que Assad “no tenía motivos para cometer suicidio político” viéndose involucrado en un ataque de esas características, pero el presidente “vio fotografías de niñas pequeñas envenenadas y dijo que era una atrocidad de Assad”.

“Es típico de la naturaleza humana arribar a la conclusión que tú quieres. Los analistas de inteligencia no discuten con un presidente. Nunca le van a decir ‘si interpretas los datos de esta forma, yo renunció’”, comentó otra fuente.