En Chile:

El perfil del ex canciller Moreno que aspira a liderar al empresariado chileno

La élite define sus candidatos para el próximo año. Antes de los comicios presidenciales de noviembre de 2017 está programada la elección del nuevo presidente de la Confederación de la Producción y del Comercio (CPC), quien deberá encabezar el gremio por dos años en reemplazo de Alberto Salas. Uno de los candidatos que suena en los círculos de poder es el ex canciller durante el gobierno de Sebastián Piñera, Alfredo Moreno Charme.

Junto a él, se perfilan para encabezar la CPC el presidente de la Sofofa, Hermann von Mühlenbrock, y el líder de la Cámara Nacional de Comercio (CNC), Ricardo Mewes, aunque Moreno se reunió con este último para solicitar apoyo a su candidatura. De acuerdo a la prensa duopólica, Moreno concitaría el apoyo de sectores de la Cámara Chilena de la Construcción, Sociedad Nacional de Agricultura y la Asociación de Bancos. Pero más allá de los malabares que deba ejecutar para quedarse con la presidencia, Moreno aparece como el más probable sucesor de Alberto Salas, considerando su vasta red de contactos, en la que figuran el expresidente Piñera y buena parte de la élite empresarial chilena.

AMIGO DE TODO$

El camino empresarial de Moreno comenzó a gestarse en los setenta, cuando estudiaba ingeniería civil en la Universidad Católica. A fines de la década, ingresó a trabajar en el grupo Cruzat, junto a sus amigos Francisco Pérez Mackenna (hermano de Rodrigo, ex presidente de la Asociación de AFP) y Juan Bilbao (demandado por la SEC estadounidense por uso de información privilegiada). Con ellos más tarde formó una consultora, luego de haber cursado un MBA en la Escuela de Chicago.

Antes de ser colegas en el gabinete ministerial de Piñera, Alfredo Moreno y Felipe Larraín trabajaron juntos, en la década de los ochenta, cuando el padre del ministro de Hacienda de ese gobierno, Vicente Larraín, libraba una dura batalla para no perder sus activos en el Banco de Chile, en representación del Patronato de la Infancia, entonces accionista minoritario de la firma bancaria.

El desempeño en esta operación lo convirtió en director del Banco de Chile y coincidió con Carlos Alberto “Choclo” Délano, con quien formó un estrecho vínculo, tanto así que Moreno asumió la presidencia de Empresas Penta, luego de que sus controladores –Délano y Carlos Eugenio Lavín– fueran procesados en el marco de la investigación sobre financiamiento irregular de la política.

En 2003, el ex canciller participó en la fusión de Sodimac con Falabella, consolidando sus redes con las familias Del Río y Solari. Además, fue presidente de Telemercados Europa, empresa de reparto de alimentos a domicilio.

Actualmente, forma parte del directorio de la Teletón y es vicepresidente de la Fundación Paz Ciudadana, presidida por Agustín Edwards del Río.

Por otro lado, su participación en el mercado bursátil registra presencia en Cruzados SADP, Mall Parque Arauco, Grup Security, Enersis (coincidiendo con Carlos Larraín, Andrés Chadwick, Cristián Larroulet), entre otras compañías.

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UN CANCILLER DE CUERDAS SEPARADAS

Según describe la periodista Ximena Pérez Villamil en un artículo publicado en octubre de 2014 por El Mostrador, Moreno Charme proviene de una familia democristiana por parte de su madre, Gloria Charme Montt. Incluso –se lee – fue candidato a presidente del centro de alumnos del San Ignacio por la centroizquierda en 1973, pero su pensamiento cambió al ingresar a la Católica, a tal punto que en 1989 fue encargado de comunicaciones de la campaña presidencial de Hernán Büchi.

Rostro emblemático del gabinete gerencial que armó Piñera, Moreno llegaba al Ministerio de Relaciones Exteriores con una dilatada trayectoria en el mundo de los negocios y la especulación, historial que dio sustento a la tesis de las «cuerdas separadas» frente al litigio con Perú ante la Corte Internacional de La Haya, es decir, relegar el conflicto limítrofe a un plano netamente jurídico, con el fin de evitar cualquier interferencia sobre el intercambio comercial con el país vecino.

Una vez conocido el fallo del tribunal internacional, que implicó la pérdida por parte de Chile de 22 mil kilómetros cuadrados de mar de la zona económica exclusiva, las críticas se centraron en el enfoque impulsado por Piñera y su canciller, debido a que no entró a disputar con Perú el lobby en círculos diplomáticos internacionales.

Por Felipe Menares Velásquez

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