En Chile:

Detective asegura tener nuevos antecedentes para esclarecer la muerte del soldado Pedro Soto Tapia

A mediados de la década de los ‘90, la desaparición y posterior hallazgo de las osamentas del soldado conscripto Pedro Soto Tapia conmocionaron a la ciudad de San Felipe. Su familia nunca quedó satisfecha con la acción de la justicia, que caratuló y cerró la causa como un suicidio.

Cuando se cumplen más de 17 años del hecho, el ex detective de la PDI Edgardo Molina, quien realizó las primeras diligencias del caso, asegura tener nuevos antecedentes para reabrir la causa que provocó, en sus momentos más álgidos, la detención de otros conscriptos, la retractación de un testigo clave y cuestionamientos al alto mando del Regimiento Yungay.

El anuncio lo realizó en una entrevista con Radio Bio Bio, donde aseguró que “las inconsistencias en la investigación partieron desde el primer día del hallazgo de las osamentas, donde se cometieron varios errores graves de procedimientos”. Entre ellas, no se habría realizado fijación del sitio del suceso, ni planimétrica ni fotográfica, levantándose la evidencia sin mayor control o custodia.

Molina volvió a cuestionar la tesis del suicidio de Soto Tapia, dado que su cuerpo “apareció desmembrado, sólo con algunas partes y tras peritajes que no fueron considerados en la investigación, sus huesos habrían sido fracturados por torsión y posteriormente raspados con un elemento filoso”, según consigna La Radio.

El ex policía publicará un libro – a titularse “Entre Placas y Bayonetas” – que promete profundizar en los detalles de una investigación paralela e inédita, sobre las responsabilidades que competerían a funcionarios de la PDI y el Ejército de Chile en el eventual encubrimiento del homicidio de Soto Tapia, hecho que estaría ligado a una red de narcotráfico y episodios de violencia sodomítica en el regimiento.

En 2001, Molina denunció haber escuchado una conversación telefónica donde el subcomisario Sergio Muñoz Olmos, le comunicaba al comandante del Regimiento Yungay que el cuerpo del fallecido conscripto había aparecido y que se “había borrado todo rastro para que nunca se supiera qué pasó efectivamente con él”.

Un año después, a mediados de 2002, el senador PPD Nelson Ávila dio a conocer un supuesto diario de vida perteneciente a un funcionario del Ejército, de nombre Sandro Luán González, que relataba cómo Soto Tapia había sido asesinado por una secta denominada “Círculo Negro”, presuntamente conformada por Boinas Negras, vinculada al tráfico de drogas y a la muerte de a lo menos seis personas más, con posterioridad al deceso del soldado de San Felipe.

Avila destacó en su oportunidad que la información coincidía “con las pesquisas del ex inspector Edgardo Molina, a quien le cortaron las alas, así como las indagaciones de Labocar de Carabineros y el Servicio Médico Legal”, según consignó La Cuarta.

Tiempo después, en una declaración pública, el Ejército de Chile desmintió que Luan González perteneciera a las filas castrenses, pese a que los nombres de las presuntas víctimas del Círculo Negro y las circunstancias en que éstas habrían sido asesinadas en distintas regiones del país, coinciden con casos que nunca fueron aclarados por la justicia chilena.