En Chile:

El Matías Catrileo de Puerto Aysén

No fue el filo de las montañas rocosas, ni la imponente brisa patagónica, ni ese fantasioso embrujo del Puente Ibáñez que brotara de una mente maquiavélica, lo que petrificó el corazón de Víctor Hugo Barría y consumió su juventud en las aguas del río Aysén.

En una placa de metal, hoy descansa su nombre junto al de otros jóvenes fallecidos en extrañas circunstancias, víctimas de una mafia, como dijeron hace mucho, del abuso policial, de una red de tráfico y consumo de drogas. Han destruido el memorial dos veces y nadie ha movido un dedo para encontrar a los responsables. “Cómo es posible”, claman las madres, “que la justicia continúe actuando con tardanza”.

En la Segunda Comisaría de Carabineros de Puerto Aysén recuerdan poco a Héctor Vargas Vargas, alias “Zanahoria”, implicado en la detención, tortura y asesinato de 15 habitantes de Isla de Maipo encontrados en una mina de cal de Lonquén el 30 de noviembre de 1978. Vargas manejaba el vehículo particular desde el cual Barría, según declaró un testigo en el proceso, fue bajado con las manos atadas en las inmediaciones del Puente Ibáñez la noche de su muerte, dejando atrás a una madre trabajadora, a un padre que luchó por la verdad hasta el final de sus días, y a una hermana que deseaba ayudarlo a emprender camino, finalmente, a la enseñanza superior.

El ascenso de un juez

Víctor Hugo no era mapuche, pero el uniformado que mató al comunero Matías Catrileo, el cabo segundo Walter Ramírez, se cobijó en la misma región austral que amparó la impunidad de los crímenes mal caratulados como “suicidios”, a juicio de los familiares de Aysén, en ese pequeño y hermético poblado del sur de Chile.

El 12 de marzo de 1997, la noticia se hizo caer como un balde de agua fría sobre la familia Barría Mardones: el preciado joven marino, un buen nadador, había aparecido aguas arriba a orillas del Río Aysén, habiéndose lanzado, supuestamente, desde el Puente Ibáñez, siendo arrastrado en sentido contrario por una atípica corriente de la ancha rivera. La explicación no conformó a nadie, mucho menos cuando un amigo, el último en disfrutar la sonrisa de Víctor, aseguró haberlo visto en la madrugada escapando de las manos de Carabineros, cuando cruzaba el pasadero anaranjado, luego de patear la cortina de un local comercial.

Esa mañana, en busca de una autorización para efectuar la autopsia del cadáver, su tío Guido Jaramillo se apostó en la casa del juez Carlos Klapp, obligadamente, porque el magistrado no había ido a trabajar. Su secretario Mario Ballesteros fue testigo de la situación, pero actualmente niega haber observado irregularidades en el actuar del cuestionado funcionario de la justicia, quien falleció en 2011.

Desde su puesto de oficial primero del Juzgado de Letras de Puerto Aysén, Ballesteros baja el perfil a las denuncias que sindicaban a Klapp y a otros servidores públicos de tribunales como consumidores de droga. “Llegaron incluso a hacernos test de pelo”, explica a este reportero, mientras contribuye a la investigación imprimiendo un documento con el rol de la causa por ‘extorsión’ cometida por un proxeneta del pueblo en contra de Klapp, allá por el año 2001, cuando el juez fue fotografiado con prostitutas que jalaban cocaína.

Luego del escándalo sexual, la entonces presidenta de la Corte de Apelaciones de Coyhaique, Alicia Araneda, avaló que Klapp fuera sólo amonestado con un traslado a la ciudad de Castro. A su salida, los familiares de Víctor Hugo quedaron con un agrio sabor en la boca: el mismo juez que dictaba el suicidio del joven de 20 años, era premiado por el Poder Judicial.

La ministra Alicia Araneda examina el sitio del hallazgo, aguas arriba.


Los médicos cuestionados

En noviembre de 2002, la magistrado Alicia Araneda fue nombrada Ministra en Visita para investigar los extraños casos de Aysén, los mismos enigmas que habían sido cerrados, sin más que decir, por el juez que defendió enérgicamente a través de la prensa. En el expediente judicial consta que Araneda preguntó al Dr. Germán Arancibia Zemelman, un médico cirujano – no legista – que practicó la autopsia de Barría, los detalles del procedimiento. “Respecto a si hubo intervención de terceros, no me puedo pronunciar porque las lesiones descritas pueden haberse producido con o sin la intervención de terceros”, respondió textualmente vía oficio.

Arancibia estableció que la muerte se había producido a las 2 de la mañana, en circunstancias de que, según el testimonio del amigo de Víctor, éste había pateado las cortinas del local cerca de las 3 de la mañana.

El médico asesor de la Policía de Investigaciones, José Belletti, participó en la exhumación y segunda autopsia del cadáver. A la sazón, Belletti, un médico sumariado en el Servicio Médico Legal por denuncias de acoso sexual, involucrado en las emblemáticas pericias policiales de los casos Pedro Soto Tapia, Alice Meyer, James Emmott y el de la contadora de Puerto Varas, Viviana Haeger, llegó a la misma conclusión anterior, cerrando nuevamente la causa.

En aquella oportunidad también fue exhumado el cadáver de Fabián Díaz Nahuelquin, otra muerte atribuida a la acción de Carabineros. El médico que realizó la primera autopsia de Fabián, Juan Soto Gavilán, llegó pronto al cargo de director regional del SML y fue apartado del servicio tiempo después por cambiar maliciosamente una muestra de ADN en un caso de paternidad. En el sumario interno del organismo consta una denuncia en contra del profesional por realizar pericias “bajo la influencia del alcohol y las drogas”, lo cual nunca fue investigado por el SML.

“Queremos la verdad para que descansen en paz nuestros hijos”, sentencia Gladys Mardones, la madre de Víctor Hugo e integrante de la Agrupación de Familiares y Amigos de las Víctimas de Aysén, en un llamado de ayuda a las autoridades de gobierno y a todos los que tengan información nueva que aportar para reabrir de la investigación.

Las familias de dos antiguos conscriptos del Ejército, Roberto Lagos Flores y Edgar Paredes Chiguay, el primero de los cuales participó en la búsqueda de dos amigos, Leandro Morales y Juan Carlos Machuca, también desaparecidos y encontrados muertos a orillas del Río Aysén, tampoco bajan los brazos. Las madres están convencidas de que la oscura mano del narcotráfico ensombrece a una zona plagada de misterio.

Este miércoles 12 de marzo a las 20:30 horas, en el memorial instalado en las cercanías del Puente Ibáñez, por el lado norte del Río Aysén, se llevará a cabo una misa y una velatón abierta a la comunidad para recordar la memoria de Víctor Hugo Barría Mardones, a 17 años de su fallecimiento.

Uno de los principales sospechosos.

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