En Chile:

¿Próxima revolución de colores en Argentina?

Las agencias de medios occidentales han comenzado con entusiasmo a cubrir manifestaciones en la capital argentina de Buenos Aires. CNN, AP y la BBC han hecho cobertura de las protestas en términos igualmente vagos, fallando en identificar a los líderes o grupos de oposición detrás de ellos.

Mientras tanto, la BBC en particular, ha reciclado la retórica de la “Primavera Árabe” afirmando que “activistas de oposición usaron las redes sociales para movilizar la marcha, la cual dijeron fue una de las protestas anti-gobierno más grandes de la década”.

La prensa occidental sostiene que los manifestantes están enfurecidos por una “creciente inflación, altos niveles de delincuencia y casos de corrupción de alto perfil”, todos términos llevados a las calles por grupos de oposición respaldados por Wall Street en Venezuela. Bajo estas afirmaciones, yace el Fondo Monetario Internacional (FMI) y amenazas de sanciones contra Argentina por buscar deshacerse del dólar estadounidense y el orden financiero internacional dominado por Londres y Wall Street.

Y como en Venezuela, una campaña coordinada contra el gobierno argentino, dirigido por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, ha comenzado a ser exhibida en varias columnas de Occidente.

El Chicago Tribune, en una columna titulada “A wrong turn in Buenos Aires: Argentina’s populist economic policies court disaster”, sostuvo:

Qué vergüenza ver un país con una gran promesa económica desviarse nuevamente del camino de la prosperidad.

Lo último en una historia de errores no forzados comenzó en 2007. Las elecciones nacionales dieron la victoria a la populista Presidenta Cristina Fernández, la cual ha llevado a su nación al borde del desastre por rehusarse a jugar con las reglas de la finanza global. Restringió el comercio internacional, violó contratos y mostró datos falsos para disimular la ascendente inflación que sus políticas habían generado. Mientras tanto anotó puntos políticos negativos al atacar a países ricos del norte por su presunto imperialismo económico.

Argentina tomó un paso grave en mayo cuando nacionalizó YPF, su principal compañía energética. El apoderamiento, condenado alrededor del mundo, hizo salir a la fuerza al Grupo Repsol de España, que poseía la mayoría de las acciones de YPF. Repsol está proveyendo la inversión financiera y el know-how para desarrollar las enormes reservas energéticas de Argentina – incluyendo el enorme depósito de petróleo y gas en Vaca Muerta.

Las negociaciones para compensar a Repsol por el robo de activos terminarán mal para Argentina. Es probable que la Unión Europea imponga sanciones. Repsol quiere $10 mil millones, y ha enviado el mensaje a compañías energéticas rivales de que no permitirá a otros profitar de sus activos confiscados. Argentina tendrá tiempos difíciles tratando de encontrar a socios para ayudarle a desarrollar lo que debería ser un recurso lucrativo.

El golpe financiero contra Repsol ganó un fuerte apoyo nacional. Los índices de aprobación de Fernández se dispararon temporalmente. Incluso partidos de oposición respaldaron la decisión. Autoridades de gobierno hablaron de cómo habían restaurado la dignidad de Argentina al levantarse contra extranjeros que explotaban su generosidad natural. En el entretanto, Fernández mantuvo la economía alguna vez caliente nacionalizando los fondos privados de pensión, redirigiendo el dinero a préstamos hipotecarios y expandiendo programas de subsidio.

Argentina debe ahora pagar el precio.

Lo que probablemente vendrá después serán ataques coordinados, aislamiento, ataques políticos, ataques a la moneda, y por supuesto, disturbios alimentados por Estados Unidos en las calles, que pueden variar desde manifestantes cortando el tráfico, a una violencia escalada de “pistoleros misteriosos”, usados ahora en la guerra no convencional estadounidense para desestabilizar, dividir y destruir naciones.

Pero igual como en Venezuela, si se puede generar conciencia suficiente sobre lo que Occidente está haciendo, y las engañosas intenciones e intereses que mueven a grupos opositores a las calles, estos esfuerzos para obligar a Argentina a regresar al “orden mundial” articulado por políticos de think-tanks como Robert Kagan, aquel orden que “sirve las necesidades de Estados Unidos y sus aliados”, todo podrá ser finalmente revertido.