En Chile:

Las operaciones psicológicas y mediáticas contra el movimiento estudiantil

No podemos dejar de lado que la lucha del movimiento estudiantil es una lucha de intereses en la cual, por un lado, encontramos a los que se benefician con el actual modelo de mercado de la educación (dueños de instituciones de educación superior privada, dueños de los colegios, como de la banca privada), y que son apoyados principalmente por la derecha más neoliberal de este país, y en otro lado encontramos a los mismos estudiantes que se someten a este injusto sistema, y a la usura que significa este mercado educacional.

En una lucha como ésta, ambos bandos elaboramos estrategias de acción para defender nuestros intereses, y para lograr volcar a la ciudadanía a favor de nuestras demandas.

El 8 de agosto pudimos observar una de las mayores derrotas mediáticas del movimiento estudiantil, y esta derrota no responde simplemente a los hechos desatados ese mismo día (como la quema de tres buses del Transantiago), sino a una estrategia de inteligencia puesta en práctica hace mucho tiempo de manera sistemática, y de la cual hemos sido participantes activos. La primera línea de análisis es identificar cuáles son las estrategias que el enemigo (en este caso, el gobierno) ha utilizado para provocar esta derrota, y la segunda el cómo nosotros, como estudiantes, hemos ayudado a éstos a llevar a cabo sus planes de acción.

La lucha estudiantil no será fácil, nos enfrentamos a grupos económicos poderosos (que poseen a su favor la mayoría de los medios de comunicación) y a un gobierno con un ministro del Interior bien entrenado para afrontar movimientos sociales, que conoce muy bien los lineamientos que debe seguir para ganar esta batalla.

La primera línea de análisis que debemos hacer los estudiantes, como dije anteriormente, es preguntarnos cuáles son las estrategias que el Ministerio del Interior utiliza, con las cuales logra doblegar mediáticamente al movimiento estudiantil. Estas estrategias podemos dividirlas principalmente en tres, ligadas naturalmente entre sí:

1. Los atentados de bandera falsa: No son nuevos en Chile ni el mundo. La mayoría de los gobiernos los aplica y parecen obras calcadas de los libros de Maquiavelo.

2. Buscar la radicalización del movimiento estudiantil: Aprovechar al máximo el accionar de encapuchados y los desbordes emocionales, e incitar al acto violento provocando desesperanza, para captarlos y maximizarlos a través de los medios de comunicación.

3. Crear problemas y ofrecer soluciones: Tal cual como lo plantea Noam Chomsky, el lingüista norteamericano. En este caso se busca generar un problema en el que la ciudadanía sea la mayor demandante de sus soluciones, y desde el mismo gobierno ofrecerlas.

En estos tres puntos encontramos en la práctica todo el lineamiento de las operaciones psicológicas aplicadas para derrotar finalmente al movimiento estudiantil, y no sólo estudiantil, sino al movimiento ciudadano.

La política del montaje no es nueva, como dije; este tipo de operaciones de inteligencia son practicadas por todos los gobiernos del mundo a fin de mantener el poder estable y generar apoyo ciudadano a sus determinaciones. En los mismos escritos de Maquiavelo, hace siglos, éste se hace mención a esta clase de prácticas para asegurar la estabilidad del poder, y defenderse de todo tipo de revolución que la amenace. En Chile hemos sido testigos de muchos de éstos casos (como el caso bombas, el caso paquistaní, los atentados de bandera falsa en la Araucanía, etc.) que buscan el pretexto perfecto para aprobar leyes que les permitan desarticular todo tipo de movimiento social.

Este tipo de atentado de bandera falsa, para ser efectivo, debe ser lo suficientemente catastrófico para que la ciudadanía no pueda sospechar de él, esto debido a que el pensamiento común de las personas, en caso de acusar montaje, es la incredibilidad ante la posibilidad de que pueda existir tanta falta de ética en algunas personas. Este pensamiento se justifica en que las personas poseen principios morales y éticos, que les hacen imposible creer este tipo de hechos, y finalmente los terminan sesgando. Pero si los estudiamos un poco más, podemos darnos cuenta que los atentados de bandera falsa están escritos en todos los libros de inteligencia del mundo, partiendo por la inteligencia norteamericana. La inocencia de las personas, hace que la idea de un atentado de bandera falsa sea una idea increíble, y así la táctica del gobierno se transforma en una fuerte arma mediática con la cual atacar al movimiento estudiantil.

No son casualidad ciertos hechos puntuales con tanta coincidencia, como la quema de 3 buses sin permiso de circulación, que sucedieron en la marcha del 8 de agosto y en un recorrido fuera del habitual. Hechos parecidos se utilizaron en 2011 con la quema de autos con patentes irregulares. Este tipo de hechos llama la atención de los medios, los cuales los reproducen incansablemente durante el día, creando en la conciencia colectiva de la ciudadanía, a través de un condicionamiento psicológico, la relación entre marcha y violencia.

El punto dos, que a mi juicio ha sido el más efectivo, es buscar la radicalización del movimiento estudiantil. En ese sentido, la derecha gobernante ha sido más inteligente y aprovechado a los más radicales de la ultra izquierda, dentro de los estudiantes, a su favor. La finalidad de esta operación sería hacer que los estudiantes busquen alternativas más radicales y violentas para exigir sus demandas, lo cual desencadenaría en el mismo desprestigio del movimiento estudiantil y en puntos a favor del gobierno.

No es raro pensar que son el gobierno y los que lucran con la educación los que más han ganado con la existencia de desbordes violentos en las marchas y la existencia de encapuchados. No es raro tampoco ver en cada marcha cómo grupos minoritarios (generalmente menores de edad) son incitados por adultos encapuchados que jamás son capturados, y que actúan a vista y paciencia de Carabineros de Chile. Tampoco es raro apreciar en cada marcha buses abandonados cerca del recorrido de ésta, para que así los más emocionales de los estudiantes (los más radicales y violentos) los destruyan a vista y paciencia de todos los medios de comunicación, cayendo derechito en la trampa, como un pez se come el alimento de la caña de pescar. No es raro tampoco que todas las agrupaciones universitarias de derecha, inteligentemente, hayan llamado en elecciones de federación, a votar por los grupos más radicales de la izquierda dentro del movimiento estudiantil, generando el dominio de éstos dentro del Confech.

Se sabía desde siempre que se buscaba la radicalización del movimiento estudiantil en función de las estrategias del gobierno, y muchos estudiantes (no inocente sino estúpidamente) han caído de lleno en la trampa. Tanto aquellos dirigentes que han llamado a radicalizarse a las bases, como a aquellos que han creído que destruyendo y generando caos público iban a lograr la revolución. No han hecho nada más que ser funcionales al gobierno y seguir al pie de la letra sus operaciones mediáticas.

El tercer punto y no menos importante, es aquel que aún no se da, pero es el paso siguiente a la radicalización del movimiento estudiantil. Este punto habla, como lo plantea Chomsky, de crear problemas para que la ciudadanía demande soluciones y luego ofrecerlas desde el Gobierno mismo. Con este tercer lineamiento, la derecha terminará por sepultar al movimiento estudiantil si éste no toma las medidas previas que le permitan contrarrestar las estrategias del gobierno.

En este sentido, el problema que se busca generar con la radicalización de los estudiantes es que la ciudadanía perciba el aumento de la inseguridad y el caos. Bajo esto mismo, los medios de comunicación buscan generar pánico a través de la reproducción sistemática de los actos violentos de las marchas, la quema de buses, los saqueos, la destrucción de letreros, etc. Luego de generar esta percepción, la misma gente comenzará a exigir soluciones para dicha inseguridad, las que serán ofrecidas desde el mismo gobierno.

Desde este punto de vista, la demanda por parte de los ciudadanos de «una educación pública, gratuita y de calidad” irá en disminución, para ser reemplazada por una demanda nueva en aumento, la de «seguridad y estabilidad”. Luego de que la ciudadanía exija este tipo de demandas, y el movimiento estudiantil pierda su apoyo favorable en la gente, el gobierno ofrecerá soluciones represivas suficientes, que serán bien vistas por los ciudadanos, para terminar con la supuesta “inseguridad”. Plan perfecto para el gobierno, que quedará como el héroe, significando una derrota definitiva para los estudiantes, quienes verán finalizada su lucha sin lograr ningún objetivo, y con la desviación total de las demandas centrales, desde donde se comenzó a hablar de educación y se terminó hablando de “seguridad” en la opinión pública.

Los estudiantes debemos ser claros e inteligentes para poder observar todas las piezas del tablero de ajedrez en el cual jugamos contra el gobierno y los grupos económicos que lucran con la educación, y debemos cuidarnos de no caer en el juego mediático del gobierno. Si no somos capaces de revertir esto en base a estrategias que puedan evitar la destrucción y los actos emocionales en las marchas, convenciendo a nuestros compañeros de tomar los caminos correctos, evitando que caigan en el juego mediático y generando apoyo y redes con la ciudadanía para que ésta vuelva a confiar en nosotros, denlo por seguro, la derrota será definitiva.